UN MECANO "SÚPER"
lunes, 9 de abril de 2012
Los Mecano tienen una larga tradición, los primeros aparecieron a principios del Siglo XX en Inglaterra y España. En ese entonces, durante mucho tiempo los "Meccano" eran barras de metal con agujeros que debían unirse mediante tornillos.
España hizo punto en este tipo de juegos trasladando el metal al plástico duro y logrando verdaderas maravillas combinando poleas, tornillos, tuercas y ruedas.
El Mecano que me regalaron a principios de los ´80 era genial. Se llamaba "Súper Mec". No he llegado a armar varias cosas que hayan quedado en la historia, pero pude conservar el juego con el correr del tiempo llegando a compartir con ustedes las imágenes del mismo:
Tornillos de diferentes tamaños y un detalle: las ruedas decían "Rasti".
El Súper Mec venía con un manual lleno de sugerencias y modelos para armar.
Hace poco tiempo, mi hijo Gaby me pidió que lo abriera. Al ser los modelos del manual un poco avanzados, le dije que lo dejara de lado y creara algo por él mismo. Así que cerramos este post con una creación de mi hijo con el juego que el padre empezó a disfrutar hace más de treinta años...
¡Larga vida a los Mecano, larga vida a la inventiva!
Gus
"EN SU CORCEL, CUANDO SALE LA LUNA..."
viernes, 30 de diciembre de 2011
Y para quienes tenemos treinta y pico, sabemos bien que en mayor o menor medida, varios de nuestra generación hemos jugado con algún muñeco del Zorro. Ya sea del chocolatín Jack o alguno más grande.
Si bien he tenido el del Jack, (fiel a mi costumbre, de acuerdo al color los hacía jugar en diferentes equipos a la bolita junto a otros muñequitos, en este caso El Zorro jugaba para Newell´s), mi predilección era un Zorro de plástico duro, con Tornado incluído.
Me daba un poco por la gorra que no fuera articulado, ya que al estar sentado sobre el caballo, la posición era rígida. Pero igual me las ingeniaba para que peleara con su espada, que la llevaba en alto.
Como era niño, la espada era tentadora para llevármela a la boca, con lo cual al cabo de unos meses terminó algo masticada, pero firme.
Ya hemos hablado en este blog de aquel eslabón perdido, esa "bolsita blanca" que contenía juguetes que hoy tienen un valor alto no solamente económico, sino sentimental, y que se perdió de manera extraña en mi casa.
Y sí, en esa bolsa estaba el querido Zorro, con Tornado incluído.
Es más, siendo niño tenía hasta un caballo de repuesto, ya que en los años setenta había caballos de plástico duro muy similares en tamaño al Tornado original.
Si hay algo lindo en esto de haber entrado al coleccionismo, es que uno puede recobrar mágicamente aquellos juguetes con los que fue feliz.
"¿Nos encontramos un ratito en la feria?" me dijo Marisa, mientras que antes de contestarle yo ya estaba tomando el colectivo para Chaca. Y esa mañana, en donde recorríamos y no encontrábamos nada, de pronto veo un Zorro idéntico al que yo tuve, montado en un Tornado igual de idéntico.
Pregunté cuánto salía y no dejé de tocarlo jamás. No estaba dispuesto a dejarlo nuevamente en ese puesto. Marisa enseguido me dijo "dejá, te lo regalo yo". Y así fue. Siempre se lo voy a agradecer ya que fue uno de los regalos más lindos que recibí en este 2011 y me parece justo cerrar el año con este post. El Zorro fue un personaje que amé en mi vida de espectador de la tele. Lamenté mucho la pérdida de aquel muñeco, pero el regocijo que significó volver a tenerlo, es difícil describirlo con palabras.
Ya está entre los tesoros del Nenito.
Y encima, con la espada intacta...
Mientras, la "Zeta", se sigue marcando...
A SALTAR BOTONES
miércoles, 1 de junio de 2011
Este es un juego heredado de mis primos y siendo muy niño, me atrapó por completo.
El Senku era sencillo y a la vez, supremo. Cualquiera, hasta el más "taita", se le animaba pero no todos salían airosos.
Es que no era fácil dejar uno solo y en el medio. Quien lo lograra, tendría una mente brillante.
¿En qué consistía el Senku? Un tablero con varios "botones" depositados sobre agujeros. Un agujero libre y a partir de allí, cada botoncito debía saltar por encima de otro, y éste quedaba afuera.
El juego lo ganaba quien, al no poder saltar más botoncitos, tuviera menos cantidad de éstos. Aquí va la secuencia:
Este Senku que aún conservo, poseía dos tableros, uno celeste y otro rosa, lo cual lo hacía más ágil ya que permitía jugar directamente contra otro rival.
Recuerdo que llevaba este juego al colegio y armaba torneos entre los compañeritos.
Lo ideal era que quedara uno sólo en el medio, pero francamente, jamás vi a alguien cometer tal proeza. La caja del producto indicaba: "Si tarda una semana, no está mal. Menos de un día: lo felicitamos. Menos de una hora: ¿quién le dice?, a lo mejor es usted un genio".
Y del otro lado de la tapa de la caja, indicaba las reglas y una tabla que calificaba el desempeño del jugador:
Y vos... ¿Cuántos botones dejás?
Gus
¡PUÑOS ATÓMICOS!
domingo, 20 de febrero de 2011
1986 fue un año de muchos cambios para El Nenito. Es que la primaria había quedado atrás y El Nenito incursionaba en la Secundaria, cambiando así muchos hábitos. Pero nunca el de mirar la tele, por tal motivo, el fanatismo por Mazinger Z no tardó en llegar.
Mazinger atrapaba porque tenía un muy buen argumento, y los combates y las variadades de ataques que tenía Mazinger dejaban a uno frente al televisor esperando ver cómo se desencadenaba la batalla.
Y gracias a Playful (y al bolsillo de mi madre, lógicamente), pude tener un Mazinger Z. Este primer modelo tenía la particularidad que disparaba los puños, con dos simples botoncitos, al apretarlos salían disparados rápidamente.
El modelo, que aún conservo, tiene el Pilder separado del robot, como para poder emular más los movimientos reales.
También poseo otro modelo de Playful, sin la función de disparar los puños pero con el Scrander que se acoplaba a la espalda para que Mazinger pudiera volar. Los dos modelos que tengo son los de la foto de la cabecera de este post.
El Pilder también iba por separado.
Una lástima que los demás personajes de la colección no tuvieran mucha trascendencia. Es más, cuesta mucho hallarlos. Aquí vemos el dorso del blister de Playful, con los personajes de la colección:
Y pasan los años y continúo recolectando cosas de Mazinger. Hace poco, Carlos Carella me obsequió la máscara original:
Y también hace poquito, Marisa Catania me regaló el álbum de figus:
Hace un tiempo, en Tele Retro se hizo un post alusivo al tema en http://teleretrotv.blogspot.com/search/label/Mazinger%20Z
A veces uno ve tantas repeticiones en la tele de hoy y es inexplicable que no emitan de nuevo Mazinger Z y Gran Mazinger, que fue la saga.
Pero El Nenito interior que alberga dentro de mí, cada tanto, saca los dos Mazinger y comienza el combate, hay que detener al Barón Ashler y al Conde Decapitado, ojo, cuidado con el Vizconde Pitman... uhhh se viene el Duque Gorgón... Tomo el Pilder, me acerco a la cascada de agua del Laboratorio Fotónico, y exclamo:
Mazinger... ¡ahoraaaaaaa!
Gus
(Post dedicado a Marisa, a quien conocí
gracias al post de Tele Retro, la Mazingermanía)
LOS "PATONES"
jueves, 21 de octubre de 2010

Corría la década del '80 y realmente tenía varios cochecitos. Los célebres Majorette, y otros de alguna marca que caían en mi poder. Los domingos, sobre todo de verano, armaba carreras en las baldozas de mi casa, trazaba circuitos que recorrían por lo general, la mayoría de mis cochecitos, incluídas grúas, colectivos, etc.
Los hacía competir en dos tandas, como en el TC. Pero había algunos que no participaban de esas carreras: los Patones.



No recuerdo de dónde vino el nombre, pero hacía alusión a las enormes ruedas que poseían. Llantas de goma verdadera, y un sistema de giro apropiado, los hacían favoritos en cualquier pista y por lo general, no se desarmaban.
Conservo, de hecho, una gran mayoría, y no recuerdo haber tenido alguno en condiciones de ir a un "desarmadero". Duraban y duraban...
El formato de "escarabajo" los hacía fácilmente manejables. El "agarre" que tenían las llantas al suelo era algo que me volaba la cabeza.
Y observando las imágenes, vemos el tamaño de las ruedas desde todos los ángulos y el diseño de estos cochecitos desde atrás.

Y sí, como se habrán percatado mi favorito era el nueve. Le encontraba semejanza con "Cupido Motorizado", película de moda en aquella época.
Y los "Patones" aún hoy en día siguen acompañándome. Esperando a que algún domingo de verano por la mañana, los lleve a la terraza y haga una competencia de Turismo Carretera propia...
CUANDO EL WINCO NOS CONTABA CUENTOS
miércoles, 29 de septiembre de 2010

La publicidad invitaba a comprarlo: aparecía un mago pequeño al que no se le veían los ojos y una canción comenzaba a sonar (click en el botoncito de play y una vez que termine, click en el botoncito de stop):
Gracias a El Musicuento, las abuelas o madres no tenían que narrar historias para que los pequeños se durmieran, con sólo ubicar la púa sobre el disco, un halo mágico llegaba sobre la habitación y comenzaban a convivir los más elegantes y legendarios personajes que uno pudiera imaginar.
El Musicuento era de Viscontea, que había realizado una adaptación de la versión italiana realizada por Fratelli Fabbri Editori en 1978, y traía, además del disco, un libro con ilustraciones realmente para el aplauso y con los diálogos escritos, con lo cual uno podía leerlo y a la vez, escucharlo. Yo confundía a Viscontea con "Discontea" y porfiaba en que la segunda era la editora.
El éxito fue tal que más adelante lanzaron otra colección llamada "El Musicuento de Oro", realizada en cassettes.
Gracias al amigo Rodrigo Ventura, supe hace poco que el actor Juan Carlos Puppo era una de las voces de los cuentos de El Musicuento. Fueron sesenta fascículos que salieron entre 1980 y 1981.
Poseo dos Musicuentos. Uno, inolvidable, como El Flautista de Hamelin. Aquel esbelto caballero que, flauta en mano, desalojó de ratones a un pueblo, pero por la mezquindad de un síndico rufían, como venganza, tocó una melodía extraña y se llevó a los niños de la ciudad a una montaña.


El otro que conservo es Pulgarcito, muy divertido hasta la parte en que el Ogro le corta las cabezas a sus hijas. Recuerdo que a mis siete años me parecía fuerte esa parte.


Debemos decir que El Musicuento estaba relatado con los efectos típicos de un radioteatro. Era realmente formidable escuchar esos discos, ya que a uno lo ambientaban dentro del libro mismo.En el viejo Winco, yo ponía los dos discos juntos, uno detrás del otro, ya que cuando llegaba el final, una canción de despedida marcaba el final de ese camino mágico que los oídos recorrían. Compartimos dicha canción final, que acompañaba el término de cada cuento (click en el botoncito de play y una vez que termine, click en el botoncito de stop):
En una época en donde no había celulares ni computadoras de modo masivo, la "tecnología" de la época, dejaba descansar las gargantas de madres y de abuelas...
Gus







